Sólo Tengo Nueve Años
By Eduardo - junio 03, 2019
Emilia, nueve años de edad. Hija única de una hermosa relación gestada muchísimo antes de que ella naciera. Su casa era su castillo fortificado, impenetrable e indestructible que los protegía de los dragones que acampaban a su alrededor. Casa de dos plantas, por fuera pintada de blanco, techo de teja, muro de concreto al rededor de toda la casa. Según Emilia eso la hacía parecer un castillo.
Juana, su madre. Cuarenta y tres años de edad. Trabaja de lunes a viernes tiempo completo por lo que Emilia se quedaba al cuidado de una niñera.
Augusto. Cuarenta y cinco años e edad. Su bufón ( Así es como ella lo llama, y no era para menos) trabaja de lunes a sábado.
No los ve mucho, pero cuando los ve es un reencuentro glorioso, las risas no se hacen esperar, viajan a un mundo llamado felicidad.
-Día sábado - Juana, salió a hacer una diligencia que tenía pendiente. No le gustaba salir los sábados para no dejar a su hija sola en casa, su niñera sólo cuidaba de ella de lunes a viernes. Sábado y domingo se encargaba su madre.
-Ya regreso, Princesa- Le dijo Juana.
-Está bien, mamá.- Contestó Emilia.
- Te portas bien. Sabes que no me gusta dejarte sola, pero tengo que hacer esto y es importante- Le dijo su madre con tono de preocupación.
-Está bien, mamita, no te preocupes. Regresa pronto- Le dijo Emilia y le lanzó su gran sonrisa de oreja a oreja. Hermosa por cierto.
Juana le dio un gran beso en la frente y se fue a hacer su diligencia. Emilia se sentó en el sofá de semicuero que se encontraba en la sala de su casa, enciende el televisor y se pierde en unos de sus pasatiempos favoritos entre tanto que llega su madre.
Al cabo de una hora regresó su madre. Eran las once y cincuenta exactamente cuando llegó. Al escuchar el fuerte rugido del motor del fiesta que conducía su madre, Emilia, emerge del mundo de fantasía en el que se encontraba, sus ojos brillan de la felicidad, su madre abre la puerta lentamente. Así como en las película de suspenso.
-¡Hola, mamá!- Exclamó, Emilia muy emocionada al verla.
-Hola ( hizo un gesto de dolor), hija- Intento sonreír pero todos sus esfuerzos fueron en vano.
Era evidente que traía un dolor, pero, no quiso demostrárselo a su hija de nueve años para que no se asustará.
-Me voy a recostar un rato- Siguió diciendo. Intento sonreír nuevamente pero fracaso en el intento. Es como si sonreír le causara dolor.
Emilia intento preguntarle que tenía, porque a pesar de tener nueve años sabía que su madre tenía un dolor, ya que Juana no se comportaba así con ella cuando llega a su casa. Pero su madre no le dio el tiempo necesario y cuando hablo de tiempo necesario hablo de un segundo, segundo que le bastaría para saber que le sucedía. Pero solo dijo y se fue a su cuarto.
Sus pasos iban en sincronía con los quejidos que se fueron dejando oír mientras subía por las escaleras al segundo piso.
Ahí empezó la odisea... Emilia, no sabía que hacer.
-¿Llamo a mi papá?, ¿Llamo a emergencias para que la ayude con su dolor? ¿O solo le busco una pastilla para aliviar su dolor?- Se preguntaba a ella misma todas esas cosas.
Todas las ideas eran buenas, pero, nada hizo, solo dejó que la lluvia se convirtiera en una tormenta imparable. Desde el primer piso se podían escuchar los fuertes quejidos de su madre.
En caso de emergencias su madre le había enseñado cómo marcar al hospital más cercano y a marcar al celular de su padre, desde cualquier teléfono. A menos de dos metros de distancia está una mesa pequeña de madera en la que se encuentra el teléfono de casa, técnicamente ahí estaba la llave que abría la puerta, pero, por los quejidos de su madre los nervios se apoderaron de ella logrando hacer que se olvidara del tiempo que tardaría en llegar la ambulancia hasta su casa. Diez minutos, ese era el tiempo que tardaría en el recorrido.
Cinco minutos después - Once y cincuenta y cinco - un grito ensordecedor proveniente del segundo cuarto se dejó escuchar, fue tan fuerte que el que lo haya escuchado y no conoce el sufrimiento -el cual era evidente en Juana - lo confunde con debilidad. Emilia salió corriendo a toda prisa en dirección al cuarto de su madre.
Cada grito que su madre soltaba al viento eran docenas de lágrimas que ambas derramaban. Juana por la supernova que había explotado en lo más recóndito de su cabeza y Emilia por el dolor que amenazaba de muerte a su madre.
Emilia seguía corriendo por ese pasillo que parecía infinito. Llega a la puerta del cuarto en el que se encontraba su madre. Tardo un minuto en abrirla porque detrás de ella se iba a encontrar con una mujer totalmente diferente a la que ella estaba acostumbrada a ver.

Entró al cuarto y ve a su madre tumbada en el suelo gritando de dolor, con lagrimas en los ojos y las manos puesta en la cabeza. Emilia corre hasta donde esta yaciendo su madre para ver si logra detener la supernova que estaba destrozando toda su cabeza. Los nervio la vuelven a atacar; no sabe que hacer.
Juana seguía gritando y conforme transcurrían los segundos los gritos eran más intensos y el dolor se hacía más agudo, el dolor se había tornado tan intenso que nunca vio a su hija llegar en su rescate. Emilia gritaba porque los nervios que habitan en su diminuto cuerpo decidieron ponerse en acción en ese preciso momento. Transcurre otro minuto - Once y cincuenta y siete -. Juana gritaba aun más. Emilia corre hasta una mesa de madrea pulida que se encuentra al lado de la cama de su madre deseando encontrar algo que sirviera para detener la propagación e impedir que esa explosión siga causando estragos por todo su cráneo.
Una tableta de ibuprofeno y a dos centímetros estaba el celular de su madre, dicho celular no estaba a más de cinco centímetros de ella, con el que fácilmente podía llamar a emergencia . Ella toda inocente pensó que lo mejor era darle una pastilla a su madre - ella pensó que la ambulancia llegaría tarde -que con suerte apaciguaría la tormenta que tras cada segundo que pasaba era más recia, pero, eso implicaba volver al punto de inicio - La sala - girar a la izquierda, correr en esa dirección a toda prisa hasta llegar a la cocina, rodar un banco para tomar el vaso - su estatura le impedía tomar el vaso sin el banco - por lo más rápido saltar desde ahí, correr hasta el refrigerador, abrirlo, tomar el agua, volver nuevamente al punto de inicio y volver al cuarto, pero estaba vez más despacio para no derramar el agua -su madre siempre le decía: si mojas el tapete te castigo - y ella tenía las esperanzas de que su madre estaría bien y no quería estar castigada.
- Llama a emergencias. Llegaran a tiempo - Una voz le susurraba en su cabecita: . Emilia decidió ignorar eso porque lo veía muy demorado.
Pero la voz seguía insistiendo y era tanto su insistencia que ya era acosadora esa voz.
-NO LLAMARÉ A EMERGENCIA. TARDARÁN MUCHO-. Grito ya cansada de esa voz.
Ella aun seguía pensando que hacer. Transcurrió otro minuto - Once y cincuenta y ocho -, su madre seguía gritando por el fuerte dolor que partía su cerebro en dos y mataba sus neuronas una a una.
Su padre ya no tardaba en llegar. Los sábados salía a las once y cincuenta del trabajo y sólo tardaba doce minutos en llegar a la casa.
Su padre ya no tardaba en llegar. Los sábados salía a las once y cincuenta del trabajo y sólo tardaba doce minutos en llegar a la casa.
Luego de estar pensando que hacer, decidió el camino largo.
Salió corriendo a toda prisa, sus diminutos pulmones rugían con la furia de los mil demonios, cruzó el pasillo, bajo las escaleras, llegó hasta el punto de inicio, giró a la izquierda, corrió en esa dirección, llego a la cocina - ya jadeaba, pero no se detuvo - tomó el banco que siempre agarraba para sacar el vaso de dicho gabinete - Su madre seguía gritando, ella lloraba y le gritaba desde el primer piso: Tranquila, mamita. Todo estará bien - saltó desde esa altura - con miedo a lastimarse pero lo hizo, ya que su madre siempre le decía: si saltas desde ahí te lastimaras -, se dirigió hasta el refrigerador, lo abrió, sirvió la sustancia H2O en el vaso con mucho cuidado para no derramar en el piso - Ser pulcro es prioridad ante todas las cosas. Juana siempre se lo recalcaba - ya con el agua en el vaso regresó al punto de inicio, subió por las escaleras, llego al pasillo. Su madre aun gritaba. Al final del pasillo ya se escuchaban gritos ahogados. Cruzó por el pasillo con mucha cautela para no empapar el tapete - era nuevo -, Su madre seguía gritando. La ferocidad de sus gritos iban disminuyendo.
Llego al cuarto, se dirigió a la mesa de noche; los nervios aumentaron, comenzó a temblar nuevamente, la tableta de pastillas bailaba entre sus diminutos dedos al son de los gritos ahogados de su madre. Cuando logro extraer la pastilla de la tableta, tomó nuevamente el vaso de agua y caminó en dirección hasta donde yacía su madre. Doce y un minuto.
-Todo estará bien, Mamí. Ya tengo la cura para tu dolor.- Le dijo, Emilia toda jadeante.
Súbitamente se desvanecieron los gritos y hubo un silencio que susurraba al viento: Ya está muerta.
Emilia se da cuenta que los gritos ya no estaban y se alegra por eso. Sigue caminado.
- ¿Mamá? - Preguntó esperando una respuesta.
El temor se apoderó de ella, al darse cuenta que su madre había dejado de gritar y no respondía a su pregunta. Emilia seguía en dirección a ella y continuaba llamándola insistentemente.
- ¿Mamá,mamá... Mamá?.- Seguía diciendo. Aun no obtenía respuesta alguna. Cayó en cuenta que su madre estaba muerta. Se lanzo sobre ella desesperada, intentando despertar a su madre, sus lagrimas caían sobre el rostro de su madre, pero todos sus esfuerzos fueron en vano. Entonces fue en ese preciso momento en que se dio cuenta que debió haber cogido el teléfono y marcar a emergencias. Lloraba cada vez más fuerte, se sentía impotente ante dicha situación.
-Todo estará bien, Mamí. Ya tengo la cura para tu dolor.- Le dijo, Emilia toda jadeante.
Súbitamente se desvanecieron los gritos y hubo un silencio que susurraba al viento: Ya está muerta.
Emilia se da cuenta que los gritos ya no estaban y se alegra por eso. Sigue caminado.
- ¿Mamá? - Preguntó esperando una respuesta.
El temor se apoderó de ella, al darse cuenta que su madre había dejado de gritar y no respondía a su pregunta. Emilia seguía en dirección a ella y continuaba llamándola insistentemente.
- ¿Mamá,mamá... Mamá?.- Seguía diciendo. Aun no obtenía respuesta alguna. Cayó en cuenta que su madre estaba muerta. Se lanzo sobre ella desesperada, intentando despertar a su madre, sus lagrimas caían sobre el rostro de su madre, pero todos sus esfuerzos fueron en vano. Entonces fue en ese preciso momento en que se dio cuenta que debió haber cogido el teléfono y marcar a emergencias. Lloraba cada vez más fuerte, se sentía impotente ante dicha situación.
Un minuto después llegó su padre. Escucho el llanto amargo de Emilia y subió al cuarto a toda prisa, comenzó a imaginar futuros posibles que pudieron haberse convertido en un presente no deseable. Subió las escaleras, corrió por el pasillo, abrió la puerta y las encontró tumbadas en el piso empapado por las lagrimas de Emilia.
- Mami se quedó dormida después de gritar mucho por un dolor que tenía en su cabecita, papi. Ya no seguirá sufriendo. Ella lucho, papá, - Seguía llorando - pero ese maldito dolor terminó saliendo ganador de esa batalla mortal. Uno gana y uno pierde, papá, y esta vez le toco ganar a ese maldito y perder a mi mamá. - dijo Emilia.
Las lagrimas no se dejan esperar y surcan sus mejillas dejando sus huellas en el rostro de Augusto. Corre hasta donde Emilia y su esposa y las abraza muy fuerte. Luego de un largo abrazo llama a emergencias.
Pasados diez minutos llegaron en su ambulancia a toda velocidad, se estacionaron al frente de su casa, dos personas salieron y una abrió las puertas traseras, sacaron una camilla y entraron a su casa y subieron hasta el cuarto donde yacía el cuerpo sin vida de Juana.
Emilia les contó todo lo que había sucedido hecha un mar de lagrimas. - Fueron eternos esos diez minutos. Dijo ella. Pero mi mamita no.- Continuó diciendo. Siguió llorando.
-¿ A qué hora llego tu mami? - Le pregunto la chica que de emergencias.
- A las once y cincuenta - Respondió Emilia.
- ¿Aproximadamente cuanto tiempo duro gritando?- Le pregunto la chica.
- Yo llegue a las doce y dos minutos y me dice Emilia que había transcurrido máximo un minuto desde que ella había muerto- Contesto Augusto.
-Ay mi niña, si tan solo hubieses llamado a emergencias a las once y cincuenta tu madre aun estuviera con vida - Le dijo la chica dirigiéndose a Emilia.
- SI LO SÉ- Grito Emilia de rabia, de impotencia al ver que estaban sacando a su madre muerta y que la muy desgraciada le estaba echando la culpa de todo por no haberlos llamado a las once y cincuenta- PERO NO ME CULPE, SÓLO SOY UNA NIÑA DE NUEVE AÑOS QUE TIENE NERVIOS EN SU MISERABLE CUERPO - Llora aun más - Y QUE LOS MUY DESGRACIADOS LA TRAICIONARON EN SU PEOR MOMENTO, ASÍ QUE NO ME ECHE LA CULPA DE TODO ESTO, IMBÉCIL -.
Suelta un grito fuerte al viento... Cae al suelo desmayada.
Pasados diez minutos llegaron en su ambulancia a toda velocidad, se estacionaron al frente de su casa, dos personas salieron y una abrió las puertas traseras, sacaron una camilla y entraron a su casa y subieron hasta el cuarto donde yacía el cuerpo sin vida de Juana.
Emilia les contó todo lo que había sucedido hecha un mar de lagrimas. - Fueron eternos esos diez minutos. Dijo ella. Pero mi mamita no.- Continuó diciendo. Siguió llorando.
-¿ A qué hora llego tu mami? - Le pregunto la chica que de emergencias.
- A las once y cincuenta - Respondió Emilia.
- ¿Aproximadamente cuanto tiempo duro gritando?- Le pregunto la chica.
- Yo llegue a las doce y dos minutos y me dice Emilia que había transcurrido máximo un minuto desde que ella había muerto- Contesto Augusto.
-Ay mi niña, si tan solo hubieses llamado a emergencias a las once y cincuenta tu madre aun estuviera con vida - Le dijo la chica dirigiéndose a Emilia.
- SI LO SÉ- Grito Emilia de rabia, de impotencia al ver que estaban sacando a su madre muerta y que la muy desgraciada le estaba echando la culpa de todo por no haberlos llamado a las once y cincuenta- PERO NO ME CULPE, SÓLO SOY UNA NIÑA DE NUEVE AÑOS QUE TIENE NERVIOS EN SU MISERABLE CUERPO - Llora aun más - Y QUE LOS MUY DESGRACIADOS LA TRAICIONARON EN SU PEOR MOMENTO, ASÍ QUE NO ME ECHE LA CULPA DE TODO ESTO, IMBÉCIL -.
Suelta un grito fuerte al viento... Cae al suelo desmayada.


2 comentarios
Hola! participo en la iniciativa de seamos seguidores. ¡Aqui tienes a tu seguidora 25!
ResponderBorrarte dejo el enlace de mi blog http://namartaielsllibres.blogspot.com/
Nos leemos!
Namartaielsllibres
Hola!. Muchas gracias, ya te devolví el favor.
BorrarBesos :* ♥